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lunes, 7 de marzo de 2016

Tres años

   Y parece que al decirlo no ha pasado tanto tiempo. Sin embargo, hoy celebramos el tercer aniversario de aquella llamada que nos cambió la vida para siempre, que nos removió todo por dentro y que marcó una nueva cuenta atrás esperando el día en que por fin llegaríamos a ti.

   Tres años y cualquiera podría decir que deberíamos ser capaces de pasar por esta fecha sin sentimentalismos, después de tanto tiempo juntos. Pero no es así. Imposible. ¿Cómo evitar la piel de gallina cuando recuerdo el momento en el que me dicen que ya estás más cerca? ¿Cómo olvidar la sensación de vértigo? ¿Cómo no rememorar el miedo, el sudor frío, el mareo y la emoción sentidos al mismo tiempo y no saber cómo digerirlos? 

   Desde ayer, sabiendo que se acercaba el momento, he sido incapaz de estar tranquila. Me ha costado muchísimo conciliar el sueño (aunque esto puede que haya sido por los ronquidos de papá...) porque cada vez que me despertaba me decía que quedaban menos horas para recibirte por la mañana con un "Happy Day, my prince!", para darte un abrazo más fuerte si cabe que el de cada nuevo día, para comerte a besos una vez más y empezar con fuerza nuestro tercer aniversario. Y, como siempre, tu carita somnolienta a las siete y media de la mañana, me ha regalado la mejor sonrisa del mundo y un "Happy Day, mummy!"

   Es increíble que un año más, después de oírlo tantísimas veces, me hayas pedido durante el desayuno que te contara de nuevo cómo fue esa llamada. Te sabes cada segundo de la historia, me ayudas a completar las frases y, si me salto alguna parte, enseguida me regañas y me pides que te lo cuente todo, sin dejarme nada. Te encanta rememorar con nosotros una y otra vez nuestros pasos desde que empezamos a buscarte. Y a nosotros nos encanta que tengas tantos recuerdos de nuestro primer encuentro. 

   Pasan los años y sigo sintiendo mariposas en el estómago al evocar la conversación con la trabajadora social que nos dio la gran noticia, la incapacidad de articular palabra y no hacer otra cosa que llorar con el teléfono pegado a la oreja en cuanto me dijo "Tenéis asignación. ¿Podéis pasaros mañana por aquí?" y decir un trémulo "sí" y colgar sin decir nada más. Tres años y dos meses esperando recibir esa llamada y se me olvidó preguntar si eras niño o niña y qué edad tenías. Y me tiemblan las manos aún recordando cómo buscaba el número en la pantalla para rellamar y preguntar todas las dudas, temiendo que ya no cogieran el teléfono, al mismo tiempo que le gritaba a papá para que volviera porque en ese momento salía de casa, y recuerdo perfectamente la risa al otro lado de la línea que me respondía con un simple "Te estaba esperando. Es un niño y tiene cuatro años y medio".

   Imposible. No hay forma de olvidar eso. Ni quiero.

   Miro el reloj y veo que ya son las ocho de la tarde. Me da lástima pensar que se nos acaba el día, pero pienso en todas las cosas que hemos hecho hoy y me doy cuenta de que eres aún más especial cuando caigo en la cuenta de que la comida que has elegido para celebrar este día ha sido... ¡fabada! Solo tú puedes pedir algo así.

   Solo tú, mi príncipe. 

Feliz Happy Day. Ya queda menos para celebrar nuestro primer abrazo.





Así representa D. el momento en el que nos dijeron que estábamos más cerca de él.


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